
Group of business people working at office
La concepción de liderazgo femenino en el mundo del siglo XXI está ligada a esa idea de que las mujeres no deberían elegir entre el trabajo o la familia, a modo de exclusión, sino que por el contrario, hoy en día deberían existir aquellas oportunidades que permitieran compatibilizar la vida familiar/personal con el trabajo.
El Liderazgo Femenino está tomando el modo de humanizar las organizaciones con esta experiencia del “mundo privado” en el “mundo público” del que habían sido excluidas y por ello comprender que esta realidad no es excluyente, sino, que debiera ser compatible.
No obstante, de la misma manera que no todos los hombres están capacitados para liderar, tampoco todas las mujeres lo están.
El liderazgo femenino se caracteriza por la habilidad de crear equipos de trabajo, y por su capacidad para tomar decisiones en momentos de crisis, por ello, para toda empresa debería ser una prioridad desarrollar, capacitar y dar la oportunidad a una mujer de dirigir a los empleados, y de esta manera demostrar todas sus capacidades para liderar un equipo de trabajo.
Además, en líneas generales, las mujeres ofrecen un trato más personal, cercano y presentan características más sociables y con mayor hincapié en la necesidad de cooperación y de trabajo grupal. Esto es favorable para que el trabajo se desarrolle de una manera más natural, gracias a su mayor expresividad y cercanía, que les permite lograr un mayor compromiso de su equipo con el rol de líder, y resalta valores diferentes, que potencian la organización de una labor conjunta de manera más eficaz. La gran capacidad que muestran para manejar varios y diversos temas a la vez, rasgo que les convierte en líderes atentas, comprometidas y entregadas a cada ámbito de su trabajo.
El liderazgo femenino responde a un estilo más persuasivo, gracias a una mayor comunicación interpersonal y la búsqueda del consenso de manera más colaborativa, abierta e inclusiva. Buscando la mayor eficacia a través de la cooperación, del trabajo en equipo e intentando tener en cuenta diferentes puntos de vista, compartiendo información y fortaleciendo los lazos premiando los logros del esfuerzo colectivo y reconociendo la labor del equipo.
¿Qué competencias muestran las mujeres líderes?:
- Orientación a las personas: Son sociables, expresivas y cercanas, lo que brinda mucho potencial a la hora de lograr compromisos, sea con los objetivos de la organización o en un proyecto en particular.
- Tendencia a la cooperación: Esto hace que el trabajo en equipo sea más natural, ya que ellas son activas en la inclusión y conteniendo a las personas. También se preocupan porque los procesos seas ordenados y sanos.
- Capacidad de gestionar varios escenarios al mismo tiempo: Poseen la capacidad innata de pensar y actuar en muchas direcciones o temas al mismo tiempo. Esto les da una ventaja a la hora de tomar decisiones y enfrentar crisis.
- Conducción horizontal: el liderazgo femenino es inclusivo, alienta la participación y comparte el poder y la información con aquellos a quienes conduce. Tiende a crear y fortalecer las identidades de grupo.
- Predomina lo emocional: En general se hallan capacitadas para tener en cuenta el lado “humano” de las personas y generar altos niveles de empatía.
- Gestión del cambio: Su estilo es innovador, con un firme sentido de la calidad, centrado en la persona, flexible, comunicativo y persuasivo.
- Empatía: son capaces de sentir lo que siente otro y ponerse en la piel de éste.
Cuando una mujer tiene la oportunidad de liderar o hacerse cargo de un equipo, lo toma como verdadero desafío y pone en foco al proyecto que está llevando a cabo.
La integración del liderazgo femenino conjuntamente con el masculino representan el futuro y el avance hacia la consecución de una mayor igualdad de oportunidades, y además, de dirigirse hacia lograr una mayor eficacia y un potencial más fuerte de las directivas empresariales.
El liderazgo femenino es necesario en los equipos, en las organizaciones y en la sociedad: con ello todos se benefician. Por eso se necesitan líderes de ambos sexos para que se complementen.
Si bien hombres y mujeres pueden ejercer cualquiera de estos liderazgos, a juicio de los expertos, el tema va mucho más allá de determinar las desigualdades o similitudes de ambos géneros, o de establecer cuál es la mejor forma de dirigir, en mi opinión son complementarios.
«Hoy en día no se aprecian diferencias relevantes, ni factores críticos en cuanto al desempeño más o menos eficiente de hombres y mujeres en materia de liderazgo. Ambos géneros han demostrado similares capacidades y resultados en este sentido», dice Pablo Brzovic, académico de la Universidad Mayor. Naturalmente, agrega, se pueden apreciar diferencias más bien de estilos como, por ejemplo, en materia de inteligencia relacional, en donde las mujeres tienden a conducir de forma más empática y equilibrada entre su orientación al cumplimiento de objetivos productivos, y a las personas que conforman su equipo.
«Las capacidades de comunicación de las líderes femeninas suelen ser más ricas que las de los varones, especialmente respecto del buen manejo de los aspectos emocionales y, muy en particular, en lo aplicable al dominio persuasivo y perceptivo.
De la misma manera, los liderazgos masculinos tienden a manejar mejor las situaciones conflictivas que se generan al interior de sus grupos, probablemente por un mayor énfasis en los componentes racionales sobre los emocionales en el tratamiento de divergencias», dice Brzovic.
Aunque estas diferencias puedan, en ocasiones, predeterminar los estilos de dirección de hombres y mujeres, los expertos coinciden en que lo importante es reconocer y aceptar las particularidades de cada uno en la dirección empresarial. Y para ello se debe partir por aceptar la validez de ambos tipos de liderazgo y de la diversidad de las contribuciones respectivas.
«Si cada uno se reconoce con sus dimensiones masculina y femenina, entonces el liderazgo puede ser igual de efectivo, integrado e integrador. El problema está en que el mundo del trabajo está hecho por hombres, entonces con frecuencia, la posible contribución de la mujer puede no ser aceptada.
Las mujeres líderes a veces se asimilan a los hombres y manifiestan esa energía a costa de su energía femenina”, dice Consuelo Cárdenas de Santamaría, académica de la Universidad de los Andes de Colombia.
¿Cuál sería la fórmula viable?
Equilibrio entre las partes. A partir de la creencia en la necesidad del equilibrio, Cárdenas y Molinari afirman que sería muy beneficioso poner al servicio de las metas de la compañía y del bien común, la contribución de hombres y mujeres. «La diversidad en los estilos de liderazgo es recomendable siempre, ya que permite tener un abordaje diverso de los problemas e interpretaciones distintas de la realidad. Todo esto se traduce en innovación y flexibilidad», dice la académica argentina.
Sin embargo, para Brzovic de la Universidad Mayor, los énfasis en el equilibrio deben estar dados por las competencias que objetivamente las personas demuestren, cualquiera sea su género y, esa circunstancia, no tiene necesariamente relación con estos equilibrios. «Con el afán de buscar equilibrios de géneros se pueden provocar injusticias y diferencias de capacidades y necesidades organizacionales entre las personas que finalmente se seleccionen».
En la actualidad estamos ante una realidad en la que el género no tiene nada que ver con las características femeninas o masculinas de la especie. Igualdad o paridad no es lo mismo, hay que observar y contabilizar los méritos objetivamente ponderados de los mejores elementos (sean hombres o mujeres) que la organización en definitiva valore y diseñe espacios de aprendizaje donde puedan mostrar complementariedad.
¿Son complementarios mujeres y hombres cada uno con sus luces y sus sombras?